20.10.09

Premio Arroz Negro en BCNWeek




Reunido virtualmente el comité de Arroz Negro, formado por Sergi Bellver, Albert Lladó y Jordi Corominas i Julian, ha decidido proclamar ganador a Hugo Izarra por el relato «La Tercera Ley de Newton-John» y conceder el accésit a Esther Rodríguez Cabrales por el «El grajo».

El relato, en el número de octubre-noviembre (pág. 11) de BCNWeek.

15.10.09

«Tres Cerditos» en Delirio



La revista Delirio, que edita y dirige Aída García Corrales, publica en su número de octubre (págs. 126-128) el primer capítulo de la novela inédita de Hugo Izarra, «Tres Cerditos».

Aquí, un pequeño fragmento:

«Hasta que a Karol Kopka se le ocurrió la brillante idea de suicidarse, Bridgeville tenía veinte habitantes. Ahora tiene sólo diecinueve. Pero pronto serán menos. La mayoría de ellos son viejos y Bridgeville no es lo que se dice un paraíso. No es uno de esos lugares por los que merezca la pena apurar un poco más la existencia. Ni mucho menos.

El pueblo con vida más cercano se llama Dinsmore. Se puede llegar a él por la carretera 36, en dirección a Forest Glenn. Hacia el oeste se encuentra Fortuna. Y un poco más al sur, Capetown y South Fork. Pueblos desérticos y miserables.

Así que se puede decir que Bridgeville es el sitio perfecto para consumirse hasta la náusea. Para pudrirse como hace Jánoš. Como hizo Karol. Como hacen los otros dieciocho habitantes. Como han hecho los habitantes de Bridgeville desde que existe».

8.7.09

«La poesía es todo lo que no nos enseñan en los libros de texto»




Por Lya Ayala
GLF

Hugo Izarra es poeta, narrador y periodista, nació en Vigo, España, en 1980. El trabajo literario de Hugo muestra interesantes matices entre la agitada cotidianidad y la necesidad del ser humano por encontrar una identidad en medio del caos mundial. Inquisitivo observador de su entorno, Hugo, vuelve los detalles de la simple vida cotidiana en detalles sobresalientes y brillantes. Una propuesta sumamente interesante que les invitamos a explorar.

—¿Podrías describir cuál fue el momento en que empezaste a escribir? ¿Qué o quién desató ese momento?
—Claro que puedo. Era mucho más joven, vivía en Madrid. Dormía poco por las noches y no porque tuviese una vida social muy agitada. Cayó en mis manos, un poco por azar, «Mortal y rosa», de Francisco Umbral. Me removió por dentro. Me hizo pensar que yo también tenía cosas que decir. Y a raíz de aquel impacto comencé a pergeñar la idea de una novela en primera persona, «Morir en noviembre», que jamás llegué a acabar. Si alguien tiene la culpa de que yo empezase a escribir, debo decir que fue él y no otro.

—¿Qué es poesía para ti?
—Creo haber escrito algún poema sobre eso, si mi pobre memoria no me traiciona. La poesía es todo lo que no nos enseñan los libros de texto. Va más allá de la métrica y de la música. No entiende de esquemas ni de rimas. Y, desde luego, es mucho más que escribir, como piensa la mayoría. La poesía es una actitud vital. Hay poetas que lo son sin saberlo, sin haber escrito un solo verso en toda su vida.

—¿Crees acaso que la poesía se puede encontrar fuera de la literatura?
—Por supuesto, toda la poesía se encuentra fuera de la literatura. Todo, en realidad. La literatura no es más que la herramienta de interpretación de nuestra percepción. Intentamos describir lo que vivimos o lo que nos gustaría haber vivido de la mejor manera que no es dada conocer. Pero todo es vulgar y cotidiano, está en la calle.

—¿Qué harías si no fueras escritor?
—Haría feliz a mucha gente. El mundo no necesita otro escritor mediocre. Ahora bien, no tengo muy claro qué haría. Nunca me ha gustado trabajar, así que supongo que me entregaría a la mendicidad plácidamente.

—¿Cómo describirías tu rutina de trabajo? ¿Hay disciplina?
—Por lo mismo que acabo de explicarte, mi rutina de trabajo es inexistente, cero. Soy el paradigma vivo de la inconstancia, la indisciplina y la indolencia. Me gusta escribir, por eso lo hago. Pero no lo veo como un trabajo. Un trabajo requiere esfuerzo, implica hacer muchas veces cosas que no te gustan, y nada de lo que escribo me supone un sacrificio especial, ni tampoco me siento obligado a hacerlo. Otra cosa es escribir por encargo, que es igual que prostituirse intelectualmente.

—¿Dónde te gusta escribir? ¿Sigues algún ritual especial o lo haces dónde te agarra de urgencia?
—Porque me distraigo con mucha facilidad siempre he preferido para escribir la noche, la soledad y el silencio. Admiro a las personas que son capaces de crear en el metro, en medio del bullicio de una cafetería o en el trabajo, rodeados de gente. Yo no lo consigo. Me distrae el murmullo de la radio, el ruido de unas tijeras cortando papel o el zumbido de un mosquito que aterriza en la pantalla. He llegado a escribir en sitios bastante curiosos, desde la cama de un hospital hasta la ducha. Lo he hecho incluso circulando por la autopista, cuando me asalta la necesidad de salvar uno de esos pocos versos decentes que a veces se me ocurren. Tengo una memoria desastrosa.

—Dinos quiénes han tenido influencia en tu trabajo literario.
—He tenido demasiado tiempo para leer, así que debo reconocer que han sido muchos, pero es verdad que algunas lecturas te marcan más que otras. Recuerdo que empecé idolatrando a Bukowski, desmedidamente, como buen adolescente. Hank me llevó a conocer a John Fante, que es un prodigio universal de la literatura. También me cautiva el estilo aparentemente sencillo pero demoledor de Kurt Vonnegut Jr., y, más recientemente, los de Roberto Bolaño, Chuck Palahniuk o Michel Houllebecq.

—¿Por cuál tipo de literatura se inclinan los españoles, qué les gusta leer?
—No soy muy partidario de generalizar, pero, si nos fiamos de las cifras que manejan las librerías, es bastante evidente que hay muchos españoles que, al igual que muchos italianos, franceses o luxemburgueses, consumen lo que ven en los escaparates. Los respeto, pero procuro pensar poco en ese tipo de lectores. Me seduce más ese porcentaje escaso y necesario que profundiza y escoge sus libros igual que se eligen los buenos vinos, con tiempo y dedicación.

—Danos un panorama de la literatura latinoamericana en España, ¿cómo ve España a los escritores y la literatura de América Latina?
—Es difícil calibrar la opinión de tantas personas sobre una cuestión tan abstracta. No tengo un observatorio, ni he realizado ninguna encuesta, ni me he interesado por saber qué opinan los demás al respecto. Si sirve de algo, creo que el panorama literario latinoamericano es envidiable. Goza de buena salud y de un pasado más que lustroso.

—Cuéntanos tus temas favoritos y por qué escribes acerca de ellos.
—A medida que el volumen de obra ha ido aumentando me he dado cuenta de que tengo una fijación malsana por la muerte y sus consecuencias. No es que me obsesione lo que pueda haber después, sino lo que se deja aquí. Creo que soy demasiado egoísta como para imaginarme esta película sin mí. También el sexo, en muchos momentos, porque me parece la manifestación más cómica del ser humano. Diría que esos dos son los pilares fundamentales de cuanto he escrito hasta la fecha.

—Y encuentro mucho sarcasmo, cierto humor negro y denuncia de la sociedad actual en tus versos, eres de alguna manera un poeta que cuenta cosas de su realidad amargamente.
—Sí. Puede que haya un poco de eso también. Por lo general, no me gusta demasiado la gente. Tampoco me gusta el mundo en el que vivo. Pero no soy un idealista, no voy a hacer nada por que cambie. Decía Tolstoi que todos quieren cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo. Yo intento ser una persona decente, y creo que con eso estoy haciendo bastante más que la media. Ya lo sé, suena amargado.

—¿Y no reconoces en tu poesía ciertos signos de exteriorismo?
—De exhibicionismo deliberado, sí. Procuro que parezca que muestro más de lo que en realidad estoy mostrando. Hay un componente importante de ficción, de creación, que parte, como es natural, de experiencias personales. Pero me guardo para mí muchísimas cosas. Lo contrario sería igual que confundir el erotismo de la pornografía.

—¿Cuáles son tu libro y tu película favoritos? ¿Por qué?
Sería imposible contestar a esta pregunta sin cometer trescientas injusticias al mismo tiempo. La elección de un solo favorito es algo que se me resiste sobremanera. Pienso que nuestros gustos evolucionan a la misma velocidad que nosotros. Así que diré dos títulos de forma bastante aleatoria que en absoluto representan ningún primer puesto permanente. Por ejemplo, «La senda del perdedor», de Charles Bukowski, y «This is England», de Shane Meadows. Curiosamente, las dos historias hablan del mismo proceso, de la forja de la identidad moral del ser humano. Es coincidencia.

—Los escritores siempre tenemos un punto de referencia, un autor o artista al que recurrimos con frecuencia, cómo fue el momento cuando encontraste a tu autor.
—Procuro evitar en lo posible recurrir a cualquier suerte de referencia porque soy un lector esponja. Cuando empiezo a leer a un autor, mimetizo su estilo, o mejor dicho, comienzo a imitarlo inconscientemente. Sus giros, la longitud de sus frases, los ambientes. Por eso, a la hora de sumergirme en el proceso creativo prefiero hacerlo sin ramas a las que agarrarme. Acabaría siendo otra rama más.

—Descríbenos un día en tu vida, qué es lo primero que haces al levantarte y lo último al acostarte, aparte de cepillarte los dientes, claro.
—Resumirlo sería algo bastante ridículo. Mis actividades son muy prosaicas. No siento que haga nada distinto al resto. Lo primero que hago al levantarme es maldecir al mundo y al inventor del despertador, me ducho, compruebo que no me dejo las llaves del coche y me voy a trabajar. Antes de dormirme siempre me gusta leer un poco. Con algo de suerte, escribo. Eso me ayuda a sentir que mi día no ha sido una completa pérdida de tiempo.

—Descríbete en un verso.
—En uno, no. En dos, de Roberto Bolaño:
«Se escribió a sí mismo como un dardo
en la frente del invierno».

Selección de poemas del autor Hugo Izarra.

Leves y etéreos

Vaciamos de colillas los ceniceros,
uno por uno, los despojamos de muerte.
Le digo: creo que estamos fumando demasiado
últimamente.

Tienes razón, me responde
llevándose a la boca otro cigarro.
Estamos fumando demasiado
últimamente.

No hará ni un mes que nuestra madrina
nos dejó para siempre, se convirtió en
polvo gris, igual que el rastro que da
sentido a nuestros ceniceros.

Creímos que su sobrina era buena,
pero corrió a vaciar su casa, vino desde
muy lejos para llevarse su abrigo de visón.

Echó los objetos de valor en una bolsa
y se despidió de su viudo para siempre.
Hizo con sus recuerdos lo que nosotros
hacemos con las colillas.

¿Sabes? —le digo—. Un hombre me ha dicho
hoy en la librería que mis argumentos
poéticos eran leves y etéreos.

Tiene razón, me dice
echándome el humo a la cara.
Tus argumentos lo son.

Baile estático

Como si esto no fuera suficiente,
el hombre sordo, despojado ahora
de su único audífono, se sintió
inevitablemente inundado de silencio,
había perdido la música y las voces,
pero había encontrado algo mejor.
Reconoció el sonido de la muerte
y se sentó, despacio, a disfrutarlo.

Brookdale Park, 1964

Ya lo sé, sí,
pero, entonces,
había tanta niebla
que era hasta difícil
encontrarse la nariz
sin ayuda de las manos.

Y, sin embargo, ellos,
una pareja de osados
amantes irresponsables,
desafiando a la niebla,
ya ves, junto a los árboles.

Ella, no sé, no tendría
más de catorce, pero
tenía una voz de un
hombre de cuarenta,
grave y algo arrogante.

Era ella quien hablaba.
Le decía a él: Tú tienes
dos y yo tengo uno. Tú
tienes dos y todo el mundo
tiene derecho a saberlo.

Aminoré la marcha, pero
sus reproches acababan
allí, en aquel punto.

Y aún sin saber bien de qué hablaba,
le di la razón a aquella chica.
Porque yo intenté algo parecido
alguna vez, protestar
por lo que creía justo,
supongo.

Domine mundi

A qué ese afán de
domesticarlo todo,
de dominar a las especies,
de domar al lobo y al león,
de enderezar al perro,
de aburguesar al gato.

A qué tanto interés
por hacer hablar a las urracas
y saltar a los delfines, por ver
a los osos montar, ridículos,
en monociclo, por amaestrar
al paciente tigre de Bengala.

Qué insólito complejo milenario
empuja al hombre a civilizarlo todo
por la fuerza; a construir zoológicos,
circos, jaulas y mataderos. A demostrar
su dominio apabullante sobre las cosas
de forma tan poco civilizada.

El amor es crueldad accidental

Pido perdón a los mosquitos
que murieron estrellados
contra el cristal de
mi parabrisas,
y a las mujeres que
me amaron, y yo amé,
en mayor o menor medida.


[Entrevista publicada en el número 3 de la revista La Fragua del Herrero, del Grupo Literario La Fragua]

11.3.09

Hugo Izarra, escritor serial en Kala Editorial



Hugo Izarra es, desde hoy, escritor serial en KALA Editorial. El autor vigués se ha comprometido a colaborar con tres fragmentos de su novela, «Prohibido tirar de la anilla», más un relato inédito que será publicado en papel por la editora mexicana junto a otros autores, con motivo de su decimosegunda convocatoria de autores.

Para ésta, su primera colaboración con KALA, Izarra ha aportado su relato «No vuelvas a hacer eso, maldito hijo de puta», escrito en la primavera de 2006, que describe el primer enfrentamiento del protagonista de la novela con su progenitor en un episodio memorable.

KALA, una editorial joven que reside en México, y que tiene la intención de llevar sus publicaciones al resto del mundo, consciente de las grandes cantidades de talento y creatividad que -a falta de apoyo editorial- se muestra actualmente en el mundo de los blogs, está llevando a cabo un ambicioso proyecto para sacar a la luz a un nuevo grupo de escritores.

Su proyecto «De lo virtual a lo real», es una convocatoria para escritores de habla hispana que actualmente publican sus escritos en algún sitio personal en Internet. De los textos recibidos, se seleccion aquellos que sean acordes a la línea de la editorial.

Los relatos elegidos son presentados mensualmente a sus lectores en ediciones digitales en su página, para luego recopilar en un libro impreso relatos inéditos de los escritores que han colaborado con el proyecto.

15.7.08

Hugo Izarra: Ruinas incompletas

por Rosa Bruch




[...] Nos ha llamado la atención en los textos de Hugo Izarra la fructífera mezcla entre el mundo literario y el periodístico. Mezcla casi indispensable en cuanto que la visión del mundo ha cambiado a partir de la interconexión de fenómenos y los hechos y acontecimientos ya no pueden ser percibidos con las mismas herramientas, lo cual afecta también a la literatura. En ambos campos, se hace necesario el cuestionamiento de la existencia de la propia realidad y de la imagen de esa realidad, ya sea realidad periodística o realidad literaria. Hugo Izarra establece una interconexión entre realidad objetiva y subjetiva en sus poemas, pero, aunque es así, esas sinergias no nos remiten al periodismo literario ni tampoco a la literatura periodística, hablamos estrictamente de literatura.

Nos adentramos en un terreno de búsqueda de la propia voz, de la propia verdad literaria, sin embargo, la huella periodística y el estilo ágil, humorístico e irónico está presente en sus poemas. Este aspecto se hace más evidente en sus artículos y no dejo de recordar que Truman Capote consideraba que su obra «A sangre fría» era una novela de no-ficción.

La mirada personal del autor sobre el mundo y la sociedad en la que vivimos se presenta con una madurez poco habitual en cuanto a la profundidad de la expresión y la elaboración de imágenes. Su mirada sobre lo cotidiano, lo social y lo íntimo, se entremezcla con lecturas, gustos, preferencias y experiencias, otorgando a sus textos, ya sean poemas, relatos o artículos, un atractivo que lo aproxima a una generación ávida de nuevos referentes y con la cual conecta.

La riqueza de su imaginario, alimentado por su conocimiento cultural, ofrece una resultante donde se plasma el necesario equilibrio entre la necesidad de contar lo prosaico y el deseo de elevarla a percepción poética.

Para finalizar, apuntar que nos encontramos ante una voz con fuerza, muy personal y prometedora, que introduce la realidad en sus creaciones sin maniqueísmo, con claridad y posicionamiento explícito. Pues bien, nuestros buenos augurios dependerán del deseo de evolucionar del propio poeta y de conseguir el equilibrio necesario en sus composiciones. El perfeccionamiento de aspectos de ritmo y cadencia vendrá con el tiempo. Actualmente, consideramos que este autor merece ser tenido en cuenta, por su calidad y sus propuestas expresivas. [...]




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8.7.08

Hugo Izarra, una lectura necesaria

Por Mauricio Vallejo Márquez.




La poesía española tiene una tradición extensa en la que fluyen con tranquilidad 500 años y más. Autores que han desarrollando sus propias técnicas y otros que han copiado. En la que convergen poetas recordados con mucho respeto como Luis de Góngora, Quevedo, Antonio Machado, Federico García Lorca y otros.

En la actualidad existe un poeta español que se abre paso como un pez entre las redes de los pescadores. Con un profundo estilo y muy verdadero, el poeta Hugo Izarra se une a la tradición literaria. Nació en Vigo en 1980 y realizó estudios de Ciencias de la Comunicación en Madrid. Por un tiempo se dedicó al periodismo social y cultural. En los últimos años, comparte su vida con la literatura y con su trabajo como redactor en un gabinete de comunicaciones, a la vez que actualizando su blog personal.

Ha publicado, bajo seudónimo, los poemarios «Eyacula, que algo queda», «Gominolas para los patos» y «La soledad es una puta con dientes de oro», además de la novela inédita «Prohibido tirar de la anilla».

En la actualidad, trabaja en su último libro de poemas: «Manual de primeros exilios». Material que esperamos ver en las librerías en pocos meses.

En sus versos encontramos influencia de autores como Ernesto Cardenal y Charles Bukowski, aunque con un toque tan personal que sus influencias poco a poco van dejando terreno ante un Izarra cada vez más vigoroso.

Su trabajo es elogiado por diversas personas, desde críticos literarios, poetas, lectores, hasta personas sin apetito literario. Algo muy difícil en estos tiempos en que la mayoría de escritores pretenden llegar sólo a los amantes de las letras. En cambio Izarra, hasta el momento, ha logrado colarse y competir con otras lecturas.

El trabajo de este poeta oriundo de Vigo es una lectura necesaria. Para leer sus exquisitos versos pueden visitar Ruinas incompletas, en Artepoetica, así como en la breve selección que hemos preparado en La fragua del Herrero.



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19.6.08

Fobia semafórica

por Ernesto Morosini




Me llevaba de la mano a todas partes
como si fuese el hermano tonto
o el niño que siempre se pierde.

Se hace difícil recordarla,
pensar en su voz, siquiera,
sin sentir esa opresión suave
y sudorosa en la palma y
en el dorso de la mano.

Me decía: voy a contarte
otra vez la historia del invernadero,
y volvía a repetir el relato,
parte por parte,
como la primera vez,
hasta el último detalle.

Y luego estaba
su fobia semafórica,
decía: ¿Has visto, Hugo,
qué mundo de locos éste?
Donde los árboles han
de ceder su espacio
a los semáforos,
recortar sus ramas,
abrirles paso,
para que sus luces rojas
se propaguen.

Y al día siguiente, lo mismo:
Recuérdame que te cuente
otra vez
lo del invernadero.

«El hermano tonto»,
Autor: Hugo Izarra



Al hablar de infraestructura urbana se habla de un tema fundamental en el desarrollo y crecimiento de cualquier ciudad. No podemos concebir la correcta función del espacio urbano si este no cuenta con los requerimientos básicos de infraestructura, los cuales comprenden desde el suministro de agua potable, de drenaje y de alcantarillado, de electrificación, de alumbrado público y de vías de transporte, entre otros.

Cuando alguna ciudad llega a toparse con alguna barrera que frena el proceso de su crecimiento, se deduce entonces que un “umbral” ha sido alcanzado. Dichos umbrales no son más que barreras que limitan el desarrollo físico de la urbe, por lo tanto se tienen que generar inversiones extraordinarias para infraestructura urbana a fin de que el umbral sea superado.

En la última década, los umbrales que se han presentado en la ciudad de Jalapa han provocado que se tenga que mejorar y construir nueva infraestructura a fin de ofrecer calidad de vida a sus habitantes. A pesar de que se han llevado una cantidad considerable de obras públicas, existe una situación que constituye un dolor de cabeza para la administración municipal que esté en turno: el tránsito y la vialidad.

En el periodo de 1998 a 2008 se construyeron varias obras viales, tales como el puente que une a Jalapa con el Boulevard Jalapa – Banderilla, así mismo también se edificaron los puentes viales de Plaza Ánimas, el de Plaza Américas, el de Murillo Vidal, el de la Av. Rébsamen, así como la ampliación de dicha arteria y la terminación del Arco Sur; también se realizó la apertura de Circuito Presidentes y el paso a desnivel de 20 de Noviembre y Maestros Veracruzanos. De igual forma fueron edificados el distribuidor vial Araucarias, el distribuidor vial de Las Trancas, y el puente “Fidelidad” que ofrece circulación continua de Lázaro Cárdenas a Murillo Vidal. Toda esta infraestructura vial fue construída supuestamente para aliviar el congestionamiento provocado por el tránsito vehicular en nuestra ciudad. Cabe destacar que aún falta la culminación del Perinorte y la del Libramiento de Jalapa. Hasta el día de hoy los jalapeños seguimos sufriendo con el tránsito cada vez que salimos a las calles de nuestra ciudad.

Este mes de Junio se han iniciado los trabajos para la construcción de un nuevo distribuidor vial que estará emplazado en la zona de Plaza Cristal. Junio, el mes en que se celebra el Día Mundial del Medio Ambiente está viendo morir a los árboles que circunstancialmente se atraviesan dentro del proyecto del distribuidor. Otros más tienen sus horas contadas, pues el espacio donde han vivido por muchos años, será ocupado ahora por estructuras de concreto armado para que los automóviles circulen. Personalmente me entristece, hasta las lágrimas, que esos árboles tengan una muerte tan poco digna y muchos ciudadanos muestren apatía por esa cuestión, porque según dicen, el progreso y la modernidad de la ciudad lo justifica.

En el Plan Municipal de Desarrollo de Jalapa, 2008 – 2010 se habla en los Ejes Rectores de Desarrollo sobre un tópico referido a La Ciudad Limpia, sobre la importancia que tiene hacer de Jalapa una ciudad sustentable en la que se debe cuidar el clima, proteger los árboles, zonas verdes y bosques, abatir los índices de contaminación del agua, el suelo y el aire, así como proteger el agua, son tan solo algunas de las tareas que resultan indispensables. Por otra parte, el mismo Plan Municipal de Desarrollo menciona lo importante que representa la creación de circuitos que permitan desfogar arterias que ya superan su capacidad de tránsito y que en horas pico representan verdaderos problemas al flujo vehicular, la construcción de obras de alivio en cruces que en estos momentos son insuficientes y la creación y aplicación de programas que fomenten en la ciudadanía y sobre todo en los conductores una cultura vial. Me queda la incertidumbre si realmente se desea cuidar el medio ambiente natural, pues la política que prevalece es hacer la mayor obra pública sin tener una consideración adecuada hacia la vida de los árboles que serán suprimidos y sustituídos por semáforos. ¿Es que no hay alternativas para corregir la saturación del tránsito vehicular que no cuesten más de cien millones de pesos y beneficie a todos los jalapeños?

Es relevante señalar que la gran mayoría de los árboles que están dentro del trazo del distribuidor vial de Plaza Cristal son araucarias, el mismo tipo de árbol que inspiró a Enrique Carvajal, “Sebastián” para crear el símbolo de nuestra ciudad y que ahora será monumento póstumo a los árboles caídos.



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11.6.08

De paso, con Hugo Izarra y Josefa Matía

por Chema Ruiz




Estos días, abatido ninguneado por el asma, no puedo escribir ni pensar. Me miro al espejo, y soy algo así como un Marcel Proust demacrado y meláncólico, en el Jardin des Plantes, contemplando a un ornitorrinco que en realidad no existe. Por fin he recuperado el sentido del olfato. No sé cómo perciben las cosas los ciegos o los sordos, pero es terrible perder el olfato, excepto esas tardes que viajas en metro o en autobús y te ahorras el insoportable hedor corporal de ciertos plebeyos. El mundo huele mal, un día sí, un día no. Así es la vida.

Hoy sólo me gustaría recomendar un blog: Ruinas Incompletas, de Hugo Izarra, un escritor elegante, irónico, triste, humorístico, cronista de Villa Somier o de Ciudad Hostil, una especie de Sherwood Anderson en Winnesburg, Ohio.

Allí se puede uno encontrar con textos tan espléndidos como éste:

POETAS DE MIERDA

Escuché esta conversación
sentado en mi banco, en
el parque, mientras daba
de comer a las palomas.

El hombre le decía a la mujer: ¿Sabes?
Me encanta que la gente haga poesía
con las cosas que se oyen en la calle.

La mujer apuntó: Las personas
normales no hablan como Góngora.

El hombre seguía hablando sin escuchar:
Buscamos poesía en todas las cosas.
La capacidad de observar, te digo.
No hablo de escribir.
Poesía no es escribir.

Se paró a pensar. Levantó un dedo,
como si pretendiese conocer la
dirección del viento, y concluyó:
Es la mirada con que se mira.
Es la herida, la herida.
La poesía es la herida.
Escribir es sólo la cicatriz.

Y al sentirlo todo dicho,
se echó las manos a la barriga
y respiró hondo de satisfacción.

Se hizo un breve silencio entre los dos
y, al cabo de unos minutos, ella resumió:
Estamos hechos unos
poetas de mierda.

© Hugo Izarra (Vigo, 1980)


Por otra parte, ayer soñé con Josefa Matía, que no es nombre de una antigua novia sino el nombre de una canción, una guaracha que bailé y canté mucho de niño allá por el año 1977. Me levanté cantando y bailando Josefa Matía, alegre de oler de nuevo el aroma del café, mi colonia de lavanda, la arena sucia del gato.
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